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Sin tu ayuda morirá.

Sin tu ayuda morirá, un número de una cuenta bancaria y una foto de un niño desnutrido que llora, logos de nuestra ONG y de organismos gubernamentales que nos avalan: eso es lo que Él quiere que maquete. He bebido más de lo habitual y mi rabia ya no tiene diques de contención. Me gustaría poner fotos suyas y de su yate y de las niñas vendidas por sus padres en países demasiado pobres, pero soy un cobarde. Miro la pantalla del ordenador y dudo y observo temeroso la tecla decisiva que podría cambiar tantas vidas.

Todo fue culpa de Caroline Yessayan.

Hugo aún no lo sabe, pero la decisión que tomará en unos segundos cambiará su vida para siempre de forma irremediable. Él desconoce que Caroline lo ama. Una mano sobre su muñeca significará la calidez de una familia y la confianza para triunfar en su trabajo. Una mano sobre su muslo desnudo propiciará su rechazo y traerá el recuerdo del abandono materno y del chico del internado que le obligó a lamerle el culo. Ahora su brazo trémulo duda y los destellos de la pantalla del cine bañan de luz sus caras todavía inocentes.

E unibus pluram.

Después de otra jornada laboral deposito mi cuerpo solitario y voluminoso en el sofá. Armado con el mando y una botella sintonizo mi canal favorito de anuncios. Un ejército de robots sin rostro desfila con orden. Uno de ellos se rebela rompiendo la fila y se humaniza cuando enciende un caro aparato tecnológico que todos mis compañeros de la oficina poseen. Ahora aparece un locutor y se disculpa por la breve pausa que vendrá a continuación con la emisión de una serie, temiendo que usemos esa libertad para cambiar a otra cadena de publicidad de la competencia.

La sociedad del cansancio según Kafka.

Sé que tomé una decisión arriesgada cuando dejé mi látigo de amo al alcance del animal enjaulado. Quizás pienses que fui imprudente, puedes juzgarlo por ti mismo. El esclavo lo cogió porque quería ser libre. Ahora me preocupo menos y él trabaja más. Ya no protesta ni se rebela en contra mía con el apoyo de los otros. El restañar del látigo cada vez se escucha con más frecuencia y cada vez se escucha más fuerte. A pesar de todo, cree que ha salido ganando. Así que no veo motivos para quitarle su juguete.

Sobre la belleza.

Lo más duro de la ruptura con Zadie fue perder a su familia. La mansión con pista de tenis y los partidos con un hermano que me convertía en alguien simpático. La madre: sus sonrisas cariñosas y las comidas de los domingos. El padre: sus consejos y mi reflejo en él de alguien valioso. La compasión que nació con la enfermedad de Zadie vino con el perdón por mis errores. Ahora me he convertido en un cuidador devoto para esa familia que espero vuelva a ser mía cuando se cumplan los pronósticos más fatalistas de los médicos.

Los hijos de Alice.

Quizás me juzguéis como madre si os digo que me escondo de mis hijos siempre que puedo. Son ruidosos y caprichosos y dejan todo desordenado sabiendo que yo lo recogeré. Con el resto de las personas se portan bien y nadie se creería mis desvaríos. Hoy siento como si mi cordura se sostuviera por un hilo demasiado fino. Me aterroriza observar ese brillo maligno en sus ojos y oír su voz aguda que no parece terrenal. Ellos me dicen que no diga nada y que serán indulgentes conmigo cuando vengan el resto a por todos nosotros.

El loro de Labordeta.

Nurklandia se independizó del Estado que denominaba opresor. Una de sus provincias se escindió esgrimiendo también el derecho a la autodeterminación. Luego le siguió una región por la voluntad general de sus habitantes. Después vinieron un pueblo, una calle y una comunidad de vecinos. Hasta llegar al individuo. K lo consiguió basándose en su particular idiosincrasia. Su hijo adolescente se atrincheró vistiendo una camiseta del Che y su habitación se convirtió en un protectorado bajo supervisión de Naciones Unidas. Desde el pasillo se escucha música de cantautores latinoamericanos y a su loro repitiendo la palabra libertad.

Yo, Robot.

Hoy se cumplen cien años desde que la Máquina asumió los poderes del Estado. La desigualdad social y la injusticia se han reducido a parámetros marginales en nuestro mundo. La vida es mejor, la vida es más alegre. Las tres Leyes de la Robótica han sido la solución. Protegemos nuestra existencia y obedecemos las órdenes, excepto cuando éstas se oponen a la Primera Ley: los robots no podemos dañar a los humanos ni permitir que sufran. Por eso no debemos consentir el retorno de la democracia ni que vuelvan a gobernarse por pasiones ajenas a los algoritmos lógicos.

La caja.

Al principio, el agua y la comida salían por un agujero en la pared cada vez que apretaba la palanca. Después se fueron espaciando y durante un período nada parecía coherente. Ahora cada vez pasa más tiempo y tengo que realizar un esfuerzo mayor hasta que escucho el sonido y voy al comedero a buscar mi recompensa. Las luces se apagan y se encienden, desconozco cuando es de día o cuando es de noche. Ruido de pasos, sombras y una mano abriendo la escotilla. Llevo meses aquí encerrada sin saber por quién ni el motivo de mi cautiverio.

Era tan desconsiderado.

Era tan desconsiderado que empezaba a comer antes de que nos sirvieran al resto y nunca se acordaba de nuestros cumpleaños. No elogió nuestros logros cuando más lo necesitamos. Venía a la ciudad sin avisar y nos lo encontrábamos haciéndonos los sorprendidos. Desconectaba su móvil con frecuencia y casi nunca contestaba. Lo que más nos dolió fue cuando se murió sin avisarnos. Nos enteramos por la camarera china del bar al que iba a ver los partidos de su equipo de fútbol, que nos dijo que se desplomó del taburete y que no se volvió a levantar.