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La montaña mágica

   Desde que Behrens le dio los resultados, Hans había disfrutado de la sensación de caminar entre los abetos nevados. Había sucedido tanto en aquel tiempo que todo era un recuerdo borroso. Entendió el significado de su existencia y cómo los elementos se conectan en el Universo. La ausencia temprana de su madre y los ojos tártaros de Clavdia. Las risas despreocupadas de sus hijos y las cargas que duelen. Una mano huesuda que aprieta la tuya con una sonrisa llorosa mientras la fuerza abandona tu cuerpo. Todo se agolpó mientras Behrens seguía hablándole de la biopsia.

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La ciudad

   Bob y Patricia decidieron dejar el coche cerca de la iglesia y pasear por el centro. Llevaron a las gemelas al parque infantil y comieron unos helados ecológicos. Compraron comida para la semana y ropa. Almorzaron en un restaurante malayo y se tumbaron en los jardines a descansar. Patricia fue al cine a ver una película con las niñas y Bob se tomó unas cervezas belgas viendo el partido. Se llevaron unas pizzas para no tener que cocinar al llegar a casa, pagaron el recibo del aparcamiento y se despidieron del centro comercial hasta el siguiente domingo.

El idiota

   El día en que K decidió convertirse en un idiota cambió su smartphone por su primer teléfono y anuló sus cuentas en las redes sociales. Dejó de seguir las noticias, retomó la costumbre de quedar con sus amigos en el Gabinete Literario y volvió a cartearse con los que estaban lejos. El día en que K se convirtió en un idiota, se sentó en el Parque de la Alameda a respirar y observando una brizna de hierba pensó que era tan importante como una estrella. Mientras tanto, la gente corría despavorida a su alrededor sin saber por qué.

Campanas de conciencia

   Mi primer propietario me tañía para que sus subalternos acudieran a la sala de juntas. La siguiente jefa me usaba cuando alguien juzgaba al otro, hasta que todos reclamaron sus propias campanas y las reuniones se convirtieron en conciertos de gongs que hicieron inviable el sistema. La última heredera me usa para unos minutos de lo que llama el gozoso noble silencio, que permite a los humanos ser libres y oír la llamada profunda de su corazón. A ellos les funciona, pero esa quietud atronadora me evoca unas angustias atávicas que no tengo con quien compartir.

Extinción

   Cuando mi hijo me preguntó a qué me dedicaba quise que se sintiera orgulloso y que entendiera la relevancia de mi aportación a la sociedad. ¿Cómo puede entender una mente de cinco años mi labor como Asistente de Supervisor de Sistemas en una empresa que proporciona datos gestionados externamente así como instalaciones y sistemas de almacenamiento de documentos para una serie de compañías de seguros de pequeño y mediano tamaño en la región del Atlántico Medio? Al final le dije que trabajaba en una oficina y frunció el ceño con una mirada que todavía no he conseguido olvidar.

E-Market

   Cubrí el cuestionario sobre estado emocional en la aplicación de E-Market y el resultado fue Baja Surgencia. Me descargué el listado de compras recomendadas, todas con puntuaciones altas en Ilusión y en Actividad. El artículo marcado con más asteriscos era la última versión de mi Smartphone, que se diferenciaba de la anterior en unas mejoras definidas como trascendentales. Después de cargar todo en el maletero de mi Monovolumen, me sentí mejor y decidí llamarla. Le dejé otro mensaje suplicante en el contestador. Necesitaba verla y volver a mirar juntos las fotos de familia de cuando nuestro hijo todavía vivía.

Resurrection Fest

    Se preguntó cómo era posible que una relación de tantos años finalizara por un regalo de cumpleaños mal elegido. Todo hubiera cambiado si Isabel le hubiera comprado una camiseta negra de Los Suaves y unas entradas para el Resurrection Fest en vez de una camisa a rayas y de manga larga de Ralph Lauren. ¿Por qué le había molestado tanto? Siguió haciéndose esa pregunta mientras empujaba la maleta hacia el ascensor y se sacaba la camiseta por fuera del pantalón vaquero.