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En la colonia penitenciaria

   A Dutch le gustaba restallar el látigo sobre sus espaldas mientras recogían el algodón. Ahora estaba muerto. El dueño de la plantación se acercó a sus cabañas por segunda vez en sus vidas y les dijo que un nuevo capataz vendría. Al día siguiente intuyeron su figura delante de un sol cegador y trabajaron más que nunca. Al llegar el crepúsculo pudieron volverse hacia él y vieron que solo era un espantajo de alambres y paja. A la mañana posterior siguieron trabajando, ilusionados con los placeres que les aguardaban al final de la semana.

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Hollywood

   Intuíamos que había otras vidas más allá de nuestra galaxia, pero nunca imaginamos que adoptasen aquellas extrañas formas. Su planeta era una masa heterogénea de áreas sólidas y líquidas. Sobrevolamos lo que parecía ser uno de sus poblados, formado por estructuras cúbicas irregulares de diferentes tamaños. Estábamos ante los vestigios de una civilización milenaria parcialmente destruida. Algunos de esos seres se desplazaban por la superficie, parecían asustados. Eran pequeños y simétricos. Sobre una montaña colgaban unas figuras que alternaban círculos con líneas en lo que parecía ser algún tipo de código que se repetía por toda el área.

Así habló Zarathustra

   Se preguntó cómo quería conservar aquel momento si un demonio le obligase a revivirlo una y otra vez hasta el infinito. Quería saborear el miedo de la derrota y el éxtasis de la lucha. Se desembarazó de la venda de los ojos y miró con serenidad al pelotón de fusilamiento. Escuchó la descarga de los rifles y sintió el golpe y el calor húmedo sobre su pecho. Todo se volvió negro un instante antes de que la puerta de la eternidad se abriese y comenzase un nuevo retorno.

Los mitos de Cthulhu

   Comienzan a acumularse en la superficie del planeta esos cachivaches que ponen NASA por todas partes. El olor de esos bípedos macrocéfalos atrae a los Robaks del subsuelo, les encanta su carne jugosa. Son muy lentos para ellos. Les cortan la cabeza con sus garras y les succionan la sangre roja que les sale por el cuello. Ahora solo nos quedan siete de esos seres para usar como cebo y cazar a los Robaks para ofrecer sus crías a los Bogowie. Es lo único que los calma, de momento.

Gilead

   Me dijo que recordar y perdonar eran acciones contrarias y que no podía olvidar. Le pregunté por qué no podía olvidar y me contestó que el dolor era parte de ella y que no podía dejarlo atrás. Le dije que mi mayor dolor era la soledad y que no quería que se fuera. Me miró con sus ojos inescrutables sin decir nada. Cogió el casco de su moto y me pidió que dejara mis llaves sobre la mesa.

Desaparecidos

   Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde el maquis, gira la cabeza sobre su hombro. Se cerciora de que no la siguen, sonríe aliviada y deja el zurrón entre los matorrales. Le deja una carta llena de faltas de ortografía junto al queso, el pan y el vino. Al bajar del monte la apresa la pareja de la Guardia Civil y la lleva de vuelta al manicomio. Lleva treinta años escapándose a aquel barranco, desde la última vez que lo vio con vida.

Plum Village

   Desempeñaba uno de esos trabajos difíciles de comprender en qué consisten. Las reuniones, las demandas constantes, el sudor, el alcohol, las prostitutas. No supo cómo eso se conectaba hasta que su colon irritable hizo que se defecara encima durante la exposición trimestral a los accionistas. Ahora reza con las manos entrelazadas en el suelo de un monasterio, hacía años que no estaba unos minutos a solas consigo mismo. Una angustia extrema le invade y llora con desconsuelo. Una persona a su lado lo mira y posa una mano sobre su espalda sin decir nada.