Skip to content

La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata.

septiembre 30, 2013

  De la biografía de Kawabata llama la atención que se suicidase tres años después de que le concedieran el Nobel de Literatura. Quizás el éxito profesional y el reconocimiento social no fueron suficientes para contrarrestar una vida de insomnio y soledad.

   Una de las pérdidas de la vejez, además del deseo, es la del sueño reparador y la de los sueños plácidos. En las noches de insomnio, “la noche ofrece sapos, perros negros y cadáveres de ahogados”, parafrasea el protagonista de esta novela, el viejo Eguchi, como muy bien sabría el propio autor.

   La soledad también castiga a Eguchi, quien, por recomendación de un amigo, acude a una casa donde los ancianos pueden dormir con mujeres bellas, desnudas y narcotizadas. La señora de la casa solo admite “huéspedes en los que pueda confiar”, pues nada “indigno” se les permite hacer con las jóvenes. Ellas nunca se despiertan ni conocen al hombre con quien duermen.

   Eguchi nunca viola la regla sagrada de la casa –aunque está tentado a hacerlo en varias ocasiones- y rememora su juventud a través de la de las muchachas. Recuerda un beso de hace más de cuarenta años. Lo que se fue y nunca volverá. La muerte de su madre (en quien cree ver a su primera mujer, para después concluir que, en realidad, fue su esposa). La despedida de sus tres hijas antes de casarse. Y bosques de bambúes y camelias blancas.

   “Los viejos tienen la muerte, y los jóvenes el amor, y la muerte viene una sola vez y el amor muchas”, piensa, quien en su vida bebió el amor a borbotones, con mujeres casadas treinta años más jóvenes que él, con prostitutas de catorce años y, quizás, con su mujer.

   En esta novela, el erotismo se mezcla con la desolación de la senectud y, por último, con la violencia, cuando a Eguchi le asalta el pensamiento de asesinar a una de estas mujeres. Quizás su lozanía insulta tanto su decrepitud que, tras devolverle recuerdos olvidados de su juventud, solo queda un poso de tristeza que conduce a la muerte.

   En palabras de Vargas Llosa, esta pequeña joya literaria, “breve, bella y profunda”, deja “en el ánimo del lector la sensación de una metáfora cuyos términos no son fáciles de desentrañar”.

Anuncios
Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: