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Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi

diciembre 10, 2013

“Sostiene Pereira”, de Antonio Tabucchi, es uno de esos libros que han pasado de mi lista de lecturas pendientes a la de libros que recomendaría.
La historia se desarrolla en Lisboa en un agosto tórrido de 1938. En ese escenario conocemos a nuestro protagonista, Pereira, un cardiópata obeso con una vida anodina y monótona. Bebe limonadas y solo come tortillas a las finas hierbas. Le obsesiona la idea de la muerte y, como católico, teme que sus dudas sobre la resurrección de la carne lo conviertan en un hereje. Habla con el retrato de su esposa ya fallecida y piensa, con frecuencia, en el hijo que nunca tuvieron. Sobre todo, está muy solo.
Pereira trabaja en un periódico que se declara apolítico e independiente y que se ocupa de temas del corazón. Durante treinta años realizó la crónica negra y ahora se dedica a una página cultural de reciente creación. A falta de ideas mejores, traduce cuentos de escritores franceses del siglo diecinueve y escribe efemérides. “No se puede hacer más”, se justifica. De la dictadura salazarista, de la Guerra Civil Española y de lo que ocurre en Europa, se entera por un camarero que tiene un amigo que sintoniza radio Londres. “¿Qué noticias hay, Manuel?”, le pregunta a diario argumentando que “por los periódicos no se sabe nunca nada”.
Algo empieza a cambiar cuando conoce a dos jóvenes que se significan contra el régimen de Salazar. Monteiro Rossi y Marta. A él lo contrata para preparar las necrológicas anticipadas de los grandes escritores que pudieran morir de un momento a otro, aunque es ella quien las escribe. El encuentro con quien posee unos ideales y vive de forma coherente con ellos provoca el conflicto. Pereira oscila entre continuar haciendo como si no pasase nada o realizar alguna acción que otorgue sentido a su existencia. Casi sin darse cuenta, empieza a posicionarse dándoles dinero y buscándole cobijo a un republicano español que recluta a voluntarios portugueses para su causa.
El detonante final es el asesinato de Monteiro en el domicilio de Pereira a manos de la policía política. En un alarde de ingenio, consigue burlar a la censura y denunciar ese hecho en su periódico. Realizar esa heroicidad lo obliga a fugarse y a convertirse en un exiliado. Aunque Pereira le había dicho a Monteiro que el mundo era un problema que ninguno de los dos iba a resolver, lleva a cabo una acción que, aunque no cambie el mundo, al menos lo cambia a él.

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