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La broma infinita, de David Foster Wallace

diciembre 18, 2015

LBI fue publicada por David Foster Wallace en 1999. Nueve años después, se suicidó. Es una obra de mil doscientas páginas que provoca una lectura compulsiva e hipnótica. Agota cualquier adjetivo posible: es compleja, original y divertida. Hace realidad la frase de que uno no sale indemne de una gran novela.

Mi relación con LBI había sido ambivalente. Empecé con la biografía de DFW escrita por D.T. Max y titulada Todas las historias de amor son historias de fantasmas y continué con los libros de relatos La niña del pelo raro y Entrevistas breves con hombres repulsivos. Entonces decidí dar el paso, compré LBI y empecé la travesía pertrechado de papel y lápiz. Al principio tuve la tentación de saltarme las trescientas ochenta y ocho notas, pero no lo hice y comprobé que allí se escondían cientos de detalles, capítulos completos y algunas claves de la obra.

La historia que cuenta LBI se sitúa en un futuro distópico en el que las multinacionales patrocinan los nombres de los años (“Año de la Hamburguesa Whopper”). En ese futuro, Méjico, Estados Unidos y Canadá han formado la Organización de Naciones Norteamericanas (ONAN).

La estructura de LBI es laberíntica. Tiene tres hilos conductores que se van entrelazando a través de múltiples relatos:

1. La familia Incandenza y la Academia Enfield de Tenis. Los padres: Avril y James. Los hijos: Hal, Mario y Orin. Hal va camino de ser jugador profesional de tenis, Mario es un retrasado sonriente y Orin es un jugador de fútbol americano. Avril es una madre devota que tiene relaciones sexuales con adolescentes disfrazada de animadora. James, antes de suicidarse metiendo la cabeza en un microondas, se dedica al cine abstracto y crea una película (LBI) que convierte al que la ve en un vegetal. Esta cinta constituye un arma terrorista buscada por la ONAN y por los grupos separatistas anti-ONAN.

2. La Ennet House para la Rehabilitación del Alcohol y las Drogas. Allí acaban encallando muchos de los personajes que campan por la novela. Don Gately, Joelle van Dyne, Randy Lenz, Green, Pobre Tony Krause, Kate Gompert, Pequeño Ewell o Ruth van Cleve. A través de sus historias se retrata una sociedad insalubre que aboca a todo tipo de adicciones: las drogas, el trabajo, el sexo, la televisión, la religión, el poder o la política.

3. Los grupos terroristas en desacuerdo con la ONAN. En esta subtrama aparecen los asesinos de las sillas de ruedas de la AFR, los independentistas quebequeses del FLQ, Marathe y Steeply, Fortier y espías transexuales que se hacen pasar por periodistas. Todos ellos a la búsqueda de la copia maestra duplicable de LBI.

LBI trata sobre la dificultad de dejar las drogas porque son una vía de escape. Sobre drogadictos que irrumpen en una casa con intención de robar y acaban asesinando de forma fortuita. Sobre adolescentes que son llevados a consultas de conversadores profesionales sin previo aviso. La violencia gratuita. Pacientes con tendencias suicidas ingresados en salas psiquiátricas. Adictos para los que la vida de un amigo vale menos que un chute de heroína. Suicidas en potencia que imploran para “no agarrarse el corazón todas las noches” y que concluyen que “lo que parece la salida de la jaula son los barrotes”. Suicidas prematuros. Locutoras de radio que animan a los horribles e inverosímilmente deformes a salir de sus casas. Madame Psicosis. Mujeres que esconden su cara deforme tras un velo. La infancia como paraíso perdido y la búsqueda de esas sensaciones en sustancias que se cocinan y se fuman. Padres que se suicidan. Terapeutas del trauma que esconden bajo su mesa manos no más grandes que las de un niño de cuatro años. “La impotencia básica del individuo con respecto a los eventos realmente significativos de su vida”. Una sociedad que elige el placer del entretenimiento mortal sobre la vida. Sociedades que olvidan cómo elegir lo importante. La búsqueda incesante de la felicidad “sin mapas ni refugios”. Los Alcohólicos Anónimos de Boston. Náufragos de la vida. Gurús que practican psicoterapia dentro de una sauna. Anuncios de televisión a nivel nacional sobre raspadores de lengua. Apocalipsis mediáticos y entretenimiento en casa. Partidarios del placer individual. “Adictos Anónimos al Sexo y al Amor”. Hombres que solo se arrodillan para vomitar y para copular. “Extrañas esperanzas en el corazón de la lujuria”. Mujeres que esconden su belleza para que los hombres no piensen que todo estará bien si las pueden tener a su lado todo el tiempo. Hombres que asfixian gatos con bolsas de plástico reforzadas. El Boston metropolitano y el desierto de Arizona. Borrachos que se cagan en público. Chaperos que comen la sopa sin sorberla. Hermanos de niños abusados que se hacen los dormidos. La depresión clínica como “un grado de dolor psíquico totalmente incompatible con la vida humana tal como la conocemos”. Cocainómanos paranoides. Canadienses asesinados. Diferentes tipos de relaciones incestuosas. Pacientes con alteraciones de conciencia y espectros oníricos. Mujeres que confiesan que no se pueden correr a menos que alguien las queme con un cigarrillo. Demerol. Vagabundos que piden sin éxito contacto humano en vez de dinero.

En definitiva, LBI es una novela total que crea un universo propio como antes lo hicieron El Quijote, Cien años de soledad, Rayuela o 2666. En un momento en el que se preconiza el final de la novela y en la era de las series, de la ficción comprimida, de los cómics, de las redes sociales, del WhatsApp y de las televisiones con cientos de canales a nuestro alcance, es un triunfo de la literatura disfrutar de un supuesto anacronismo como LBI.

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6 comentarios
  1. Pero la traducción es horrenda, sin contar con que el propio Wallace se comporta a veces como uno de sus peores alumnos, incapaz de desbrozar sus párrafos o de darle pulso y ritmo a la acción, que, no es que la tenga, es que queda congelada; alargando la agonía de la lectura en una broma que se hace infinita por pesada. Reconozco que tanta página obedece a una intención que es hacer tedio y mofarse de vicisitudes menos transcendentes de la existencia y bla, bla, bla, (lo ves, es contagioso)

  2. ¡Qué interesante! Dejas claro quién es DFW. Me has dejado la curiosidad por LBI, suena bien. Saludos.

  3. Leí “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” años atrás y pensé que David Foster Wallace era un verdadero genio. Mucho después cayó en mis manos “El rey pálido”, pero no logró atraparme. Sin embargo, un novelista capaz de crear un universo propio con una novela es todo un anacronismo, como bien dices. Y a mí me gustan los anacronismos.

  4. Muy interesante; a mi me gustan los desafíos y Rayuela, 2666n como antes 100 años y El Quijote lo fueron y de ellos salí, aunque no indemne. Tanto me gustan los desafíos que intenté leer Pynchon, pero claro, cuando llegué a “El arco iris de gravedad” tiré la toalla. Necesito un par de años para juntar coraje, me parece.

    • Coincido contigo respecto a los desafíos. Me pasó lo mismo q)con Pinchon y su “Arcoiris de la gravedad”. ¿Quién sabe? Quizás hay libros que están ahí, esperando por nosotros.

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