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Solaris, de Stanislaw Lem.

mayo 14, 2016

Solaris es una novela de ciencia ficción escrita en 1961 por el polaco Stanislaw Lem. La obra toma el título de un planeta cubierto por un océano dotado de vida inteligente y que forma parte de un sistema binario de estrellas. Los científicos llevan siglos estudiando sus manifestaciones e intentando comunicarse con él.
La trama se inicia con la visita del psicólogo Kris Kelvin a la estación ubicada en el planeta. Su misión es esclarecer los extraños fenómenos ocurridos a sus tres tripulantes. En sus investigaciones, Kelvin realiza unos descubrimientos inquietantes. Gibarian se ha suicidado y Snaut y Sartorius han perdido la razón. Todos han sufrido la aparición de visitantes creados por el océano en base a los miedos y a los deseos que habitan en sus subconscientes. Los monstruos a los que hay que temer son los que están en nuestro interior.
Kelvin ve a su mujer Harey, quien se ha suicidado años atrás. Intenta matarla, aterrorizado, y comprueba que es indestructible. Después vuelve a enamorarse de ella y busca redimir la culpa de aquella relación nociva que acabó con su muerte. Al inicio, Harey piensa que es ella misma y cuando es consciente de su naturaleza no humana se intenta matar. Mientras, Kelvin se plantea no abandonar el planeta para conservarla, pues los visitantes no pueden existir lejos del influjo del océano que los creó.
Solaris plantea las grandes cuestiones del género, como cuál será la forma de las vidas extraterrestres. En el cine y en la literatura de ciencia ficción ha habido una tendencia a otorgar apariencia humana a estos organismos, quizás por la imposibilidad de nuestra mente de crear desde la nada. Nuestro cerebro puede sintetizar estructuras a partir de elementos preexistentes, pero no es capaz de elaborar productos nuevos sin ninguna base en su experiencia previa. Por ello resulta original la propuesta de Lem al proponernos como forma de vida la de un océano protoplasmático.
Otro de los temas nucleares es la posibilidad de “establecer Contacto” con esas inteligencias. Solaris nos ofrece la respuesta pesimista y lógica ante problema. No puede existir comunicación entre dos formas de vida cualitativamente diferentes que no comparten un lenguaje en común.
Otra cuestión relevante es la motivación del ser humano para establecer ese contacto. La reflexión a la que se puede llegar a través de la lectura de Solaris es que esta motivación tiene unas raíces existenciales. El ser humano desconoce la respuesta a las grandes interrogantes que se ciernen sobre su existencia en cuanto ser dotado de conciencia. Una vez que ha fracasado la construcción de un Dios que proporcione estas respuestas, hay que buscarlas en algún lugar de ese espacio que la luz tarda catorce mil millones de años en recorrer que es el Universo.

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