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El castillo

marzo 15, 2017

El jefe llevaba décadas amargándole la existencia a K con sus órdenes y con sus normas. Nunca lo había visto ni hablado con él y recibía sus comunicados a través de un ordenanza que se presentaba a cualquier hora y en cualquier lugar. Recorriendo los laberintos, K encontró de forma casual su despacho y abrió la puerta. Estaba oscuro y hacía frío. ¿Hay alguien ahí?, preguntó. ¿Hay alguien ahí?, se escuchó. Tuvo dudas y retrocedió. De vuelta a su puesto, se envalentonó pensando en la que queja que iba a dirigirle a través del Comité de los trabajadores.

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From → INICIO, MICRO-RELATOS

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