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Alambradas

mayo 27, 2017

Mi vida dependía de mantenerme en la fila de los prisioneros y apartar la mirada de los guardias. Escuchaba el ladrido de los perros y pensaba que podría acabar con mi sufrimiento si corría hacia las alambradas como otros habían hecho. Mi conciencia y yo dejaríamos de existir en un instante. Me dije que podría aguantar otros diez pasos y me concentré en el ruido de mis zapatos sobre la nieve. Noté que uno de los cordones se había roto otra vez, hubiera podido aguantar un poco más de no ser por eso.

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4 comentarios
  1. Excelente como siempre. Un abrazo

  2. José Carlos Mena permalink

    Me ha encantado. Un cordial saludo

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