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Club Deportivo Riocobo, años 80. ¿Alguien se acuerda?

julio 19, 2017

El Concello de Cervo informa que no se abrirán las piscinas del Club Deportivo Riocobo debido a la ausencia de socorristas. Más allá de las polémicas vecinales sobre el uso y la conservación de las instalaciones, quisiera recordar algunas experiencias vividas allí en los años ochenta en que transcurrió la infancia de alguno de nosotros.
Íbamos al Club caminado o en nuestras bicicletas Motoretta o Bicicross (solo algunos afortunados tenían la BH California). La televisión no era competencia a salir a jugar, ni con la primera y la segunda ni con la llegada de la Gallega. Tampoco había muchos ordenadores (alguno tenía el Comodore o el Spectrum y para el Pentium 3 tuvimos que esperar a los últimos cursos del instituto). La palabra Internet tardaríamos años en escucharla, los móviles no los estrenamos hasta la la universidad y las tablets solo existían en las películas de ciencia ficción.
Pero sí teníamos el Club Deportivo Riocobo. Allí jugábamos al futbito con aquellos balones Mikasa que eran tan duros que solo los más valientes se atrevían a ponerse de porteros (suplicando que “no valía furar”). Hacíamos navegar nuestros barcos de Playmobil en la piscina pequeña y aprendimos a nadar en la grande atemorizados por la certeza de que el profesor nos iba a lanzar al centro en algún momento. En aquel tiempo no hacían falta socorristas ni había las actuales vallas (hubieran impedido correr por el césped hacia el agua para hacer una bomba). Jugábamos al squash con raquetas de madera y al tenis intentando emular a Ivan Lendl. Nos tirábamos por las rampas con nuestros monopatines Sancheski (¿alguien sabe por qué todos eran de color naranja?).    Jugábamos al escondite buscando algún lugar entre los árboles donde apretujarnos con las chicas. Íbamos a los columpios cuando no existían los parques infantiles. Robábamos manzanas detrás de las pistas con la angustia de encontrarnos con el señor que disparaba una escopeta de cartuchos de sal que todos asegurábamos haber visto. Jugábamos a la güija invocando a los espíritus con un miedo que no se atenuaba por la sospecha de que alguien movía la ficha. En la cafetería jugábamos a la máquina a cinco duros la partida, veíamos películas de piratas y comprábamos algún Frigo Pie con la paga de los domingos.
En el Club se celebraban carnavales en los que los mayores nos asustaban con sus disfraces de monstruos antes de que existiera Halloween. Había fiestas de cumpleaños en las que se rompían piñatas llenas de caramelos. Había una biblioteca en la que disfrutamos de las aventuras del Capitán Trueno. Saunas que funcionaban y un gimnasio. Pistas de tenis que eran sede de una liga comarcal en la que teníamos un equipo del que nos sentíamos orgullosos. Pistas de baloncesto. Un equipo de fútbol sala equipado con los colores de Argentina y una cancha en la que se celebraban torneos de veinticuatro horas. Una máquina de la que salían unos pistachos que nunca habíamos probado Y un pequeño videoclub con carátulas de películas para adultos que nuestra imaginación no hubiera sido capaz de producir.
Si nos aburríamos del Club jugábamos a las chapas con imágenes de corredores como Marino Lejarreta, hacíamos cabañas en el bosque y disputábamos guerras con los frutos de los eucaliptos sin importarnos que no fueran una especie autóctona.
Eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor suele ser un mito construido por la nostalgia y las distorsiones de la memoria. Aunque quizás no siempre sea así.

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5 comentarios
  1. Es una pena,, que vuestros hijos no puedan vivir la niñez vuestra. Riocobo era una pasada, no solo para vosotros , tambien lo fue para nosotros los padres.

    • Me imagino que lo vivido en aquella época fue irrepetible para todos, padres e hijos. Creo que la construcción de la fábrica y el boom demográfico que se dio en la zona tuvo mucho que ver en lo que hablamos. Erais cientos de parejas jóvenes con hijos pequeños, supongo que con mucha ilusión y mucha esperanza. Tuvimos suerte de vivir todo aquello, ahora toca disfrutarlo de otra manera. ¡Un abrazo!

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  1. Club Deportivo Riocobo, años 80. ¿Alguien se acuerda? — Cajón desastre – Apasionado de los Deportes

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