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“Como una novela” (Daniel Pennac, 1992)

agosto 12, 2017

“Como una novela” es un ensayo literario de Daniel Pennac publicado por Anagrama y que se puede leer como indica el título. Lo he releído haciendo uso de mis derechos como lector. El autor responde a una pregunta que se plantean padres y maestros. ¿Por qué un niño que ansía que le lean un cuento antes de dormir se convierte en un adolescente que hastía la literatura?
Empecemos por el principio: los niños leen a través de la voz de los adultos porque no saben hacerlo con sus ojos. Desean aprender y convertirse en alquimistas que transformen sin intermediarios signos arbitrarios en emociones.
¿En qué momento y por qué los padres dejan de leer a sus hijos? Suele ocurrir cuando los niños ya pueden hacerlo solos y los padres delegan (también) la lectura en el colegio. Es otro logro conseguido, al fin pueden recuperar esos quince minutos de libertad para ver la televisión.
En “Como una novela”, Pennac describe algunos derechos que poseemos los lectores y que pueden reconciliarnos con la literatura. Son los siguientes:
Los lectores tenemos derecho a no leer. El verbo leer no soporta el imperativo, al igual que sucede con otros como amar o soñar. El dogma “¡hay que leer!” implica una obligación que acaba con el placer de la lectura. No es recomendable obligar a los jóvenes a leer los clásicos si el único argumento es que tienen que hacerlo. Se les puede contagiar el virus de la literatura si leen lo que les apetece y si relacionan la universalidad de la ficción con su realidad individual.
Tenemos el derecho y la libertad de saltarnos páginas y pasajes completos. “La broma infinita”, de Foster Wallace, es una de las mejores novelas que he leído y disfruté de sus mil doscientas páginas. Pero confieso que me salté la descripción de la arquitectura de la Academia Enfield de Tenis, a la que el autor no renunció a pesar de las presiones del editor.
Tenemos derecho a no terminar un libro, sobre todo si no nos remueve las entrañas. Quizás esas páginas abandonadas se retomen en el futuro y se conviertan en nuestras preferidas. A mí me ocurrió con “Rayuela”, de Cortázar, o con “El ruido y la furia”, de Faulkner, y tengo a medias el “Ulises” de Joyce y “La montaña mágica” de Thomas Mann. Esos libros me están esperando y quizás en algún momento nuestros caminos se vuelvan a cruzar.
Tenemos derecho a releer. Los niños hacen uso de este derecho con más frecuencia de la que nos gustaría a los padres. Por muchos libros que tengamos, siempre quieren repetir la lectura de su cuento favorito, aquel que se saben de memoria y con el que disfrutan más con cada nueva lectura.
Tenemos derecho a leer cualquier cosa. Podemos apasionarnos con “Crimen y castigo”, “Cien años de soledad”, “El Quijote” o “En busca del tiempo perdido” y no avergonzarnos de disfrutar con la trilogía de “Millenium” si es lo que necesitamos en un momento determinado.
Tenemos derecho a leer en cualquier sitio en que nos apetezca al igual que hacía Arturo Belano, ese alter ego de Roberto Bolaño que aparece en varias de sus novelas y que leía en la ducha libros robados.
Y también tenemos derecho a hojear, a leer en voz alta y a callarnos.
En definitiva, pueden leer “Como una novela” si les apetece. Es uno de esos libros que (si hace falta) nos reconcilia con la vida y con la literatura, que a veces están cerca de ser lo mismo.

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2 comentarios
  1. Me parece que he visto este ensayo en una de las librerías que visito. Me parece maravilloso. Gracias por compartir ❤

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