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Mario

enero 17, 2021

Teresa leyó el libro de condolencias semanas después del fallecimiento de su marido. Amigos y conocidos escribieron frases trilladas pero reconfortantes o se expusieron huyendo de los lugares comunes. “Gracias por domesticarme igual que el principito hizo con el zorro y por cuidarme como a su rosa”, sin firma. ¿Quién podría haber sido? La rabia la quemó por dentro imaginándose la desfachatez de una amante acudiendo al funeral y ese tipo de maldad necesaria. Las lágrimas que surcaban sus mejillas activaron el recuerdo. Ella sola, la noche posterior a la cremación y ese dolor anestesiado por los fármacos.

From → INICIO, MICRO-RELATOS

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