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Desaparecidos

   Acercándose un poquito más al borde del barranco donde se esconde el maquis, gira la cabeza sobre su hombro. Se cerciora de que no la siguen, sonríe aliviada y deja el zurrón entre los matorrales. Le deja una carta llena de faltas de ortografía junto al queso, el pan y el vino. Al bajar del monte la apresa la pareja de la Guardia Civil y la lleva de vuelta al manicomio. Lleva treinta años escapándose a aquel barranco, desde la última vez que lo vio con vida.

Plum Village

   Desempeñaba uno de esos trabajos difíciles de comprender en qué consisten. Las reuniones, las demandas constantes, el sudor, el alcohol, las prostitutas. No supo cómo eso se conectaba hasta que su colon irritable hizo que se defecara encima durante la exposición trimestral a los accionistas. Ahora reza con las manos entrelazadas en el suelo de un monasterio, hacía años que no estaba unos minutos a solas consigo mismo. Una angustia extrema le invade y llora con desconsuelo. Una persona a su lado lo mira y posa una mano sobre su espalda sin decir nada.

Fresas salvajes

   Había creado un sistema de autoayuda eficaz. Sus libros se habían traducido a decenas de idiomas y había impartido conferencias por todo el mundo. El método consistía en frotar el dedo pulgar con el índice y el corazón mientras se incorporaba una imagen que aportarse una serenidad nuclear. Ahora mira el fuego de su chimenea mientras se arrellana en su butaca de lectura. Suena la Première Gymnopédie de Erik Satie mientras siente en su estómago el calor de su ron guatemalteco. Frota su dedo pulgar con el índice y el corazón mientras las lágrimas resbalan por sus mejillas.

2666

   Pertenece a esa evolución de Sapiens llamada Amortales. Los órganos sintéticos y otros avances de la medicina los hace inmunes a las enfermedades comunes. La ingeniería genética los ha dotado de capacidades físicas y cognitivas superiores. La muerte ha dejado de ser esa justa igualadora. Pero tienen miedo a fallecer de un accidente o a perder a un ser querido. Este espécimen hace veinte años que no sale de su casa, desde la aparición de aquellos que llaman terroristas y que los cazan. Llaman al timbre y por la cámara exterior se asoma una cara desconocida. Somos nosotros.

   Llegó el momento crucial de la noche: ella y yo frente a su casa. Antes no sabía interpretar las señales de avance y de retroceso, ahora es más sencillo. Le pregunto si accedería a cumplimentar el cuestionario RSC4A y responde que sí. Va marcando cruces en algunas casillas y en otras no. Escribimos nuestros nombres y firmamos. Al flanquear el umbral le doy un cachete en el culo y ella se gira. Su mirada: ¿reprobatoria o juguetona? El miedo me paraliza un instante. Compruebo mi temblorosa copia del cuestionario y respiro aliviado mientras ella sonríe pícara

Harmony Al

   Entraron en el restaurante y escrutó todas las mesas esperando no encontrar caras conocidas. Comprobó que la llave de la habitación seguía en el bolsillo mientras el sudor se deslizaba por su espalda. Miró sus ojos verdes y sintió la fascinación de aquella belleza perfecta. Le acarició su mano fría y notó el inicio de un alborozo en su entrepierna. En Abyss Creations le aseguraron que solo se habían fabricado un número limitado de aquella RealDoll, por eso le sorprendió ver entrar a otra Harmony Al. Esta tenía el pelo azul y los ojos negros.

Los restos del día

   Por debajo de la puerta de tu habitación se colaban la luz y el sonido de Creep de Radiohead. Dudé unos segundos sobre entrar o no, me pareció que llorabas. Al día siguiente hiciste tu último examen de la carrera y te fuiste. He recordado muchas veces durante estos treinta años aquella rendija iluminada. Ahora te espero en el andén de la estación, buscando nervioso tu cara entre los últimos pasajeros que bajan del tren.