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Crecimiento personal

En el seminario de aquella tarde, Arnold y Carol aprendieron que la felicidad se consigue cuando se descubre cómo se conectan los puntos de la vida. Aun así, Arnold se quitó la alianza, caminó adonde se encontraba Carol y le propuso tomar una copa con la excusa de compartir sus experiencias acerca del método. Y, por eso, Arnold giró su teléfono cuando empezó a sonar y la pantalla se iluminó con la foto de Mary y de las niñas.

Power to the people

Cuando el nuevo jefe llegó a la reunión, los encargados ya estaban sentados. Se presentó y escribió sus nombres. Pidió voluntarios para redactar el acta y para ir a buscar aguas y cafés. Anotó los que le aguantaban la mirada demasiado tiempo y los que se habían sentado cerca de la cabecera de la mesa. Por último, les animó a hacer propuestas diciéndoles cuánto valoraba esas iniciativas. Cuando tuvo la información que necesitaba, se fue. Ya sabía a quién mantener y a quién relevar de su puesto.

El Dios de las pequeñas cosas

Aquel conductor borracho había dejado un agujero en el universo con la forma de su familia. Desde entonces, le sorprende que la vida continúe como si nada hubiera ocurrido. Hoy escucha a una pandilla cantar una canción cursi en la terraza de abajo, sus carcajadas y el tintinear del hielo en sus copas no le dejan dormir. Siente que la tristeza que lo protegía se aleja y coge el cuchillo de despiezar la carne mientras piensa como el agujero que va a hacerle al universo se tragará esas risas y su rabia.

La carretera

Jack y su hijo observaban cómo las olas cargadas de ceniza rompían en la orilla solitaria. El cielo era un frío manto de acero en el que no se veía el sol desde la erupción volcánica. Jack le pidió que recordase el momento más feliz de su vida. A lo lejos se escuchaban los caballos de la horda que los violaría y se los comería. Jack metió su única bala en el revólver y le pidió al niño que mirase el mar y que siguiera recordando los paseos en bicicleta con su madre y con su hermana.

Líquidos

Su madre le dijo que no había nada más seguro en la vida que aprender idiomas. Así justificó el colegio trilingüe y los estudios en el extranjero. Así cobró sentido la oposición para intérprete de la ONU. Hoy lee sobre la revalorización de la compañía que comercializa el software que traduce de forma simultánea decenas de lenguas y el aparato con forma de guisante que se lleva en el oído. Ahora recuerda cuando su padre le dijo que no había nada más relevante que las nuevas tecnologías y piensa que debió escucharlo más.

Ficciones

Estuvo demasiadas horas leyendo aquella novela descatalogada de hojas amarillentas y polvorientas que quemaban los ojos. Estaba exhausto. Había llorado y se había hecho sangre al morderse los labios. Había amado y había odiado. Quería sosegarse y decidió bajar al bar a tomar una cerveza y a ver el partido. Después de tanta realidad necesitaba la ficción de juntarse con los otros y que todo volviera a ser mentira de nuevo.

Russian Red

Llegó de madrugada con la euforia que le daba el alcohol en su juventud y le escribió un “Te quiero” en el espejo del baño con su pintalabios Russian Red. Quería darle una alegría antes de que se fuera a trabajar. Luego llegaron el matrimonio y los hijos. Las frustraciones y las decepciones. Los reproches, las infidelidades y el no querer reconocerse a uno mismo. Se aferraron a aquel “Te quiero” del espejo y nunca tuvieron el valor de borrarlo por miedo de lo que pudiera pasarles.